Manolo García, una vida dedicada a la carpintería artística

Manolo García nace en el año 1959 y comienza su trayectoria profesional como aprendiz en el año 1972 en los talleres falleros de Manuel y José Martínez Molla, trabajando de carpintero en unas cuarenta fallas de la Sección Especial, ocho para el Excmo. Ayuntamiento de Valencia y unas ochocientas de categoría inferior. En el año 1977 ingresa en el gremio de Artistas Falleros de Valencia y realiza grandes proyectos, como fue la falla de los mundiales de España de fútbol en el año 1982 y trabajos en las olimpiadas de Barcelona del 1992.

Grandiosos son los monumentos plantados por Manolo García en su ya larga carrera como artista fallero. Si echamos la vista a tras podemos destacar la falla de la Plaza del Ayuntamiento “David de Miguel Ángel” o la falla de la “Gitana”, la cual fue toda una alegoría a la Expo. de Sevilla por allá en el año 92, la falla “Mamella” que tanto dio que hablar en su día y que tanto éxito provocó en la gente y medios de comunicación…, pero uno de sus más grandes, fascinantes y arriesgados monumentos ha sido el monumento firmado bajo el nombre “Leonardo Da Vinci” plantado este año 2012 para la falla Na Jordana, con un arrebatador éxito de visitantes y fabulosos comentarios por su vuelta a la utilización de la madera como única base en los monumentos y la forma con la cual Manolo hace uso.

Manolo García conserva la esencia tradicional y completamente artesanal a la hora de crear cualquier proyecto. Si nos fijamos en sus monumentos falleros él sigue levantándolos mediante estructuras arquitectónicas completamente de madera, creadas mediante planos artesanales llenos de medidas, cotas, alzados….etc, dignos del mejor arquitecto y posteriormente extrapolados a plantillas a tamaño real, las cuales con paciencia y dedicación van levantado el monumento.

Pero esto no es todo, ya que el “Savoir Affaire” de este polifacético artista reside en la utilización de la madera como acabado de los monumentos. Para ello se basa en el uso de varillas artesanalmente cortadas durante miles de horas, colocadas minuciosamente una al lado de la otra y modeladas siguiendo la sinuosa forma de la estructura como si de una piel se tratase, vistiendo y proveyendo al monumento de una coraza sutil y de gran efecto visual.

Por descontado no podemos olvidarnos y también cabe destacar sus obras para las hogueras de Sant Joan en Alicante, obras como la Hoguera Hernán Cortés plantada en el 2009 y otras de igual o mayor calibre.

Pero no sólo de monumentos falleros y de hogueras está más que repleto el extensísimo currículum de este fantástico artista… Manolo García toca cualquier campo en el que la madera esté presente.

Destacables son no pocos proyectos creados por él como las mesas curvas y contra curva que amueblan la Diputación de Valencia, la Sala VIP del Open 500 de tenis celebrado en Valencia en el 2010 o la barra de copas del edificio Veles e Vents -construido para la America´s Cup en Valencia-, así como decorados para Canal 9 en Alicante, imponentes stands como el realizado para Bancaja Hábitat en Urbe-2007, Canarias en Fitur 2010, escenarios para el Carnaval de las Palmas de Gran Canaria, exposiciones en la Ciudad de las Artes y las Ciencias… y un largo etc. que demuestran y afianzan a Manolo García como uno de los grandes carpinteros, artistas… que hay hoy en día en la ciudad de Valencia, ya sea por su buen hacer o por su forma de utilizar la madera sin perder la esencia de la misma, llegando a exponenciar el material como único y principal elemento.

La imaginación de Manolo García (y todo su equipo) es inagotable e incansable, siempre tiene en mente un proyecto, una ilusión, una idea que llevar a cabo.

Desde siempre ha sabido que quería dedicarse al mundo del “arte”, porque ¡sí!, su trabajo puede ser alzado a la categoría de arte, un arte que ha sabido mantener en todo lo que lleva de carrera, mejorar año tras año, inculcar a sus seres queridos, familia, amigos… sin dejar la “tradicionalidad” y la artesanía de lado o en el olvido, un olvido producido sin querer por la aparición de nuevos procesos, nuevas tecnologías y técnicas, nuevos materiales… que hacen que el trabajo sea más fácil y mas rápido, pero que por el contrario le resta magia, tradición, temporalidad, belleza y sobre todo “sentimiento” al resultado final, un resultado digno del mejor museo y de la mayor admiración.